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El tráfico aéreo ilegal de drogas dejó de ser una sospecha para convertirse en una de las principales preocupaciones de las autoridades y especialistas en narcotráfico del norte argentino. La utilización de avionetas para ingresar cocaína al país se consolida como una modalidad cada vez más frecuente en el NOA, mientras organizaciones criminales perfeccionan sus métodos y aprovechan las limitaciones de los sistemas de detección existentes.

La problemática volvió a quedar expuesta en las últimas semanas a partir de distintos procedimientos. En dos operativos desarrollados en la provincia de Santa Fe se incautaron más de 700 kilos de cocaína vinculados a organizaciones que utilizaban aeronaves para el traslado de estupefacientes. A esos casos se sumó el hallazgo de una avioneta siniestrada en el chaco salteño, aunque en esa oportunidad los investigadores llegaron cuando los responsables ya habían escapado con la carga, gracias al aviso de pobladores de la zona, una situación que según especialistas suele repetirse en numerosos episodios similares.

Datos expuestos en reuniones del Consejo de Seguridad Interior revelan la magnitud del fenómeno: en lo que va del año se detectaron más de 190 vuelos irregulares en territorio argentino, un promedio cercano a un caso cada 36 horas. Sin embargo, apenas en cinco de esos episodios se logró comprobar el transporte de cocaína, mientras que el resto permanece bajo la categoría de operaciones sospechosas. Fuentes vinculadas a las investigaciones señalaron además que los decomisos más importantes no fueron consecuencia de detecciones radarizadas, sino del seguimiento judicial de organizaciones criminales a partir de información de inteligencia previamente obtenida.

En el ámbito de la seguridad, estos vuelos son catalogados como tráfico aéreo irregular (TAI), una modalidad utilizada no solo para transportar drogas sino también pasajeros y productos químicos. Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación atribuyen el crecimiento reciente al reforzamiento de los controles terrestres en la frontera entre Salta y Bolivia mediante el Plan Güemes, que habría empujado a las organizaciones criminales a buscar rutas alternativas. 

Sin embargo, investigadores y expertos en narcotráfico ofrecen una lectura más amplia: organizaciones con base operativa en Bolivia utilizan aeronaves livianas para introducir cocaína en distintos puntos del territorio argentino, desde donde la droga es trasladada por vía terrestre hacia los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay para su envío a mercados de Europa, Asia, África y Oceanía.

Autor: admin